Es la ausencia de vidas
En noches estrelladas
Cuando nadie enciende luces
De pistas de fútbol.
Y sólo los relojes
Se detienen
a la hora del
Adios
Que nunca existe.
Porque nunca recuerda
En qué momento
Aparecen los Holas
Que reanudan la marcha
Nupcial.
Son Las Horas
Que jamás se desperdician
Haciendo
Nada
O, lo que es mejor,
Amistades
A la altura del agua
Que contienen colchones
Nacidos antes que el tiempo
Con un solo punto de gravedad máxima
Al que acuden todos los seres vivos
Que les rodean
Antes de que las campanas alérgicas
Repiquen
Y los gatos se quejen de sonidos agudos
Bufen
Y se larguen.
Qué lástima cuando a la vida
Se le antoja ser felino
Y bufa
Y araña
Y se larga
Sin más derecho
Que ése que duele.
Pero dolor no tiene apelativo masculino
Sólo Dolores le acepta
Ni yo
Ni tú
Ni él
Vosotros, nosotros, ellos…
¡Ay, Dolores!
Entonces llega:
“Gravedad cero”
Cuando el resto del mundo
Pasa más deprisa
Y no te das cuenta.
Un primer instante
En el que cuesta arrancar
Y las esquinas serpentean
Delante de ojos que no
Atisban más allá de la humedad
Que les ampara
Gota a gota.
Pero el agua da la vida
No mata
Y es ahora
Cuando tengo que recordarte
La falta de soledad eterna
Que juramos.
Tienes que prometerme
estar tal como
-te recuerdo-
eres
no vaya a ser que nos crucemos
y no sepa quién es la chica
Y tú decías: “Ey! Nadie podrá con nosotras”
Pero estuvieron muy cerca.
Tienes que avanzar entre la niebla, hasta que se abra el día al fin.
Quédate atrás, déjalo fuera.








