!Le encantaba el campo!
Cada parcela colindaba con la siguiente pero eran lo suficientemente extensas como para dar pereza ir a pedir sal a casa de la vecina...
No había momento más feliz en cada día que no fuera el de despertarse porque los primeros rayos le acariciaban los párpados y asomarse al balcón. Entonces aspiraba profundo y toda la frescura de la mañana limpiaba las asperezas de la noche anterior.
La cita ineludible de sacar a Mona a correr las dos antes de hacer otra cosa le obligaba a tener una imagen mental de la rutina diaria de la ruta que seguían.
Se cruzaba con el panadero que, en su motociclo aparejado con sacos de mimbre para llevar la carga, iba repartiendo los encargos. Despues se cruzaba con aquel señor bajo con bigote, ya se sabe, el marido de Luisa, que iba a trabajar. No olvidemos a todos los perros que salían a saludar a Mona, no sé hasta qué punto decidir si más educados o no, que las personas de todos los dias.
Pero lo que más le alucinaba era aquella pequeña de turbante en la cabeza. Siempre siempre estaba allí a esa hora. La cabeza sumergida en su tarea cotidiana de sentarse en el pedrusco que delimitaba la entrada a su parcela, para apoyar el cuaderno sobre las rodillas. Ella era la única que no le deseaba ni buenos ni malos dias. No levantaba la mirada de sus dibujos. Parecía tan entusiasmada...
La curiosidad del comportamiento le hacía bajar la velocidad del trote y acercarse a ella siempre que pasaba por alli. Entonces se fijaba en sus dibujos. Casi podría relatar una historia completa con los bosquejos que cada día dibujaba.
"Algun día me pararé a saludarla" pensaba, y aceleraba el ritmo para alcanzar a Mona.
Una alteración de la rutina te altera el día por completo.
Pues para ella, le alteró la vida.
Fue una mañana, que salió con Mona de nuevo. Panadero. Marido de Luisa. Numerosos ladridos tras las verjas...pero no estaba la pequeña artista.
A medida que avanzaba a la altura de su parcela, le extrañaba no verla allí ensimismada moviendo el carboncillo con tanta velocidad que se podia ver el lienzo casi por completo. Eso sí que estaba en su lugar. Su cuaderno.
Se detuvo para cogerlo. Una pintura perfectamente acabada. Llena de vida y color. Tan inusual en lo que la pequeña solía dibujar que le extrañó aun más que estuviera allí.
Se trataba de una ventana abierta, tan abierta que no se veían las hojas. Detrás de ella, el resto del mundo...
Ni rastro de la pequeña.
Aun dicen por ahí que, cansada de que sus males se manifestaran a través de su mano, una mañana tomó la determinación de dibujar cómo quería que fuera su vida, abrió la ventana, y salió a través de ella...
Entonces la niña supo
construirse su felicidad
y nadie más la sacará de allí
[Hay una pequeña a la que le gustaría saber cómo acaba su historia...
FELIZ RESTODETUVIDASARIO TERESA!!]

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